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¡Paremos las violencias contra las mujeres!

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“Vamos por buen camino cuando…

dejas de culparte por la violencia

de la que eres víctima.”

La violencia contra las mujeres es perpetrada por los varones, silenciada por las costumbres, institucionalizada por las leyes y sistemas estatales y transmitida de una generación a otra. (ONUMUJERES, 2008) Vale aclarar que este tipo de violencia se da en el marco del Patriarcado, entendido como una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo de los varones sobre las mujeres. (Gerda, Lerner; 1986) Ningún varón declarará que es patriarcal y no está escrito en algún lugar, pero se reproduce cada día en el mundo.

En la vida cotidiana el patriarcado se expresa como un sistema jerárquico de relaciones sociales, donde ellos controlan las instituciones político-económicas, educativas, religiosas, militares y culturales más importantes de la sociedad, incluso se asume el vocablo hombre como sinónimo de humanidad y predomina la visión androcentrista, donde al hombre se le reconoce como parámetro o medida, llegando a la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres, es decir, la jerarquización por géneros.

En la vida cotidiana el patriarcado se expresa a través del machismo, una ideología siempre presente en nuestra cultura a través de prácticas, acciones, omisiones, costumbres y conductas que podemos observar en las familias, las escuelas, religiones, instituciones, leyes, medios de comunicación, en el vecindario… por ello se dificulta que las mujeres sean reconocidas como personas autónomas e independientes.

Aunado a esto, ellas enfrentan obstáculos para convivir en respeto mutuo, algunos de ellos son: a) considerar a las mujeres como una propiedad, b) el sentimiento de superioridad masculina y c) la misoginia, entendida como el odio y desprecio a las mujeres por el sólo hecho de serlo.  Estos factores hacen ver como “normales” las violencias cotidianas contra las mismas, apoyándose en la impunidad e incumplimiento de las leyes, un aparato judicial atravesado por prejuicios machistas. Históricamente, el maltrato y las violencias contra las mujeres han tenido un permiso social milenario.

            En este contexto, es en la sexualidad donde se hace más visible el carácter patriarcal de la sociedad y de todas las civilizaciones históricas. Nos encontramos con mujeres siempre en roles sexuados que constituye un ejemplo de relación de dominio y subordinación. En pleno siglo XXI todavía encontramos mujeres reproductoras, ahora hasta incubadoras: mujeres que ante la pobreza rentan sus úteros. Aunque lo creíamos superado, las mujeres vírgenes siguen siendo más valoradas, hasta algunas son vendidas constituyendo otra violencia más, no nueva. Hombres poderosos con más de una esposa o concubinas y la sociedad volteando hacia otro lado.

La violencia política también presente: desde 1993 la ONU aprobó la conmemoración del 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha en que se recuerda a: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal denominadas “Las Mariposas” por su intensa actividad política contra el presidente y dictador dominicano Leónidas Trujillo (1930-1961), lo que las convirtió en símbolos de lucha por los derechos femeninos y la democracia. Ellas fueron torturadas y asesinadas en 1960 por órdenes del dictador. La violencia de género demuestra las relaciones de poder históricamente desiguales entra mujeres y hombres.

En el mundo se han creado instrumentos internacionales para sancionar y erradicar las violencias contra las mujeres bajo los principios de igualdad y no discriminación y en la búsqueda de garantizar la democracia; cada país tiene leyes nacionales y locales con este objetivo. Sin embargo, las violencias siguen creciendo y la pandemia mundial del Covid-19 vino a agudizar este problema. La violencia no conoce límites geográficos, culturales o de riqueza; es de carácter estructural (económico, social, político y cultural), se trata de un fenómeno aprendido y naturalizado que se da en el marco de la desigualdad, exclusión y pobreza.

Adicional, como parte de las violencias debemos considerar las brechas de desigualdad que en el mundo se observan: la asignación del trabajo doméstico, la desigualdad salarial, la escasa propiedad de la tierra, así como del dinero, la menor participación política y la exigua posibilidad de tomar decisiones sustanciales. Todo lo anterior tiene consecuencias para las mujeres en cuanto a realizar trabajo no pagado (incluido el trabajo de cuidado de personas dependientes en la familias); ganar entre 30 y 40% menos que los varones; ser dueñas de menos del 10% del dinero que circula en el mundo y poseer menos del 1% de la tierra cultivada en el planeta. (INMUJERES, 2014)

La realidad en México, en la última década, de acuerdo con el INEGI (2020) es: 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencias; 8 de cada 10 mujeres sienten temor de ser agredidas física o verbalmente al transitar por las calles; cada día 32 niñas entre 10 y 14 años se convierten en madres, víctimas de violación; en el espacio escolar, 1 de cada 4 mujeres han sufrido violencias, con prevalencia de la violencia sexual; cada año en México son asesinadas aproximadamente 3,800 mujeres, niñas y adolescentes. No se trata de una guerra de sexos, se trata de un problema de salud pública, de justicia social y de democracia.

Considero que hemos de hacer un compromiso personal y colectivo de equidad, respeto a la diversidad y sentido de reconciliación e inclusión, que implica aprecio y respeto a nuestra dignidad “si nos damos buen trato no permitiremos que nos maltraten”.  Empecemos por el reto personal de qué exigir a nuestra pareja: a) No ponerme en riesgo, estar atenta a la menor señal de violencias. B) MI CUERPO ES MÍO, tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo y mi sexualidad, podemos platicar, pero la decisión final es sólo mía.    c) Exigir que no pretenda decidir sobre mi autodeterminación y mi libertad, que no intente tratarme como menor de edad. No tengo que pedirle permiso para decidir: trabajar, visitar a mi familia, tener amistades, salir a la calle… d) Que reconozca mis derechos, cualidades y esfuerzos. E) Tengo derecho al descanso y a la ociosidad. F) Derecho al reposo en momentos de enfermedad. G) Tengo derecho a la ternura y no permitiré ningún tipo de violencias. En todo lo anterior ¡no estoy dispuesta a negociar!

Referencias:

INEGI (2020). ESTADÍSTICAS A PROPÓSITO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (25 DE NOVIEMBRE)

https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2020/Violencia2020_Nal.pdf

Lerner, Gerda (1986). La creación del patriarcado. Crítica/Historia y Teoría. Barcelona.

ONUMUJERES (2008). Poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas: estrategia de UNIFEM y kit de información. Boletín. Noticias.

https://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2010/1/ending-violence-against-women-and-girls-unifem-strategy-and-information-kit
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